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30 May 2020

Nota

Del conflicto encubierto a la guerra abierta con Irán
Internacional

Del conflicto encubierto a la guerra abierta con Irán 

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Una semana después del mayor ataque de la historia contra los intereses del petróleo mundial, que ha puesto al límite la paciencia de Estados Unidos, la pregunta que viene es: ¿y ahora qué? Las conclusiones de las pesquisas indican que hay pruebas irrefutables contra la república islámica en los ataques a dos instalaciones de la petrolera Aramco. Bastó con 18 misiles de crucero y 7 aviones no tripulados de marca iraní para paralizar la mitad de la producción de petróleo en Arabia Saudí. Resulta llamativo que el país con el mejor arsenal militar de todo Oriente Medio, y que ocupa el tercer lugar en el ranking mundial de compradores de armas, haya sido víctima de sabotaje. Solo durante 2018, Riad compró equipos militares por valor de más de 67.000 millones de dólares, el mayor gasto militar anual de todos los países del Golfo Pérsico, mientras que el de Irán en el mismo año fue de unos 13.000 millones, según un informe del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI). Arabia Saudí tiene «el mayor arsenal de armas modernas» de la región, que incluye «aviones de combate y cisternas», dotando a sus fuerzas aéreas de una mayor capacidad para defenderse de ataques aéreos, señala el citado informe del SIPRI. Sin embargo, el nivel de gasto en defensa no garantiza la seguridad militar, como ha demostrado el ataque al corazón de su industria petrolera, en el que se han empleado misiles y drones de fabricación iraní.

El régimen de los ayatolás cuenta con un arma infalible: su táctica de usar guerrillas. Desde Líbano, pasando por Siria, Irak y hasta Yemen, Irán tiene una enorme red de aliados en la región dispuestos a llegar a donde el régimen no llega. Un ejemplo es que ahora, los rebeldes hutíes (aliados yemeníes de Irán) también han amenazado con atacar los intereses del petróleo de Emiratos Árabes Unidos (EAU), con una producción de 2,6 millones de barriles de crudo al día, a una semana de que el grupo rebelde yemení se adjudicara la autoría de los bombardeos a Aramco.

Si bien para Washington no hay duda de que Teherán ejecutó los ataques, Riad todavía no se ha pronunciado en cuanto a culpar a su enemigo regional de una forma directa. Para los analistas, los bombardeos del 14 de septiembre han dejado al descubierto la vulnerabilidad de Riad y, por ello, está siendo cauteloso a la hora de decidir si van o no a la guerra directa contra Irán, más allá de la intervención militar que dirige en Yemen contra los insurgentes hutíes, aliados de Teherán, y de su participación en la coalición naval que patrulla en el Estrecho de Ormuz. «No creo que el reino saudí, los Emiratos (Árabes Unidos) o EstadosUnidos estén pensando en una escalada militar, dada la claridad con que Arabia Saudí ha mostrado su vulnerabilidad», explica a LA RAZÓN el experto egipcio Azmi Ashur, del centro Al Ahram. No obstante, el analista no descarta que se puedan producir acciones militares puntuales contra instalaciones petroleras o militares de Irán.

Ashur sostiene que el hecho de que Arabia Saudí haya pedido un comisión de investigación internacional con expertos de la ONU es porque «no quiere precipitarse y necesita tiempo para tomar una decisión y actuar».

A falta de pruebas concluyentes, pues la investigación sigue en curso, los datos filtrados a la Prensa sobre las pesquisas, apuntan a la autoría del régimen de los ayatolás. Los investigadores saudíes y de Estados Unidos han establecido «con una muy alta probabilidad» que el ataque fue efectuado desde una base en Irán próxima a la frontera con Irak,indicó una fuente anónima a la cadena de televisión CNN. Según la fuente, en el ataque se emplearon «drones» y misiles de crucero que volaron a baja altura y agregó que su trayectoria revela que llegaron desde el norte hasta la planta saudí de crudo de Abqaiq, que recibió el impacto de una decena de proyectiles a primera hora del sábado 14 septiembre. La CNN subrayó que los misiles atravesaron el sur de Irak y pasaron por el espacio aéreo de Kuwait antes de alcanzar sus objetivos en suelo saudí.

Según CBS News, la retroingeniería permite determinar a partir de las placas de circuito impreso la trayectoria exacta de esas armas, pero funcionarios estadounidenses afirman que la principal prueba que inculpa a Irán son las fotos satelitales sin editar que muestran a la Guardia Revolucionaria iraní haciendo los preparativos para el ataque en la base aérea de Ahvaz, en el suroeste del país persa. La fuente agregó que las baterías antiaéreas saudíes están dirigidas hacia el sur del reino desde hace meses para protegerlo de cualquier ataque de los rebeldes hutíes, apoyados por Teherán, en Yemen, por lo que no pudieron actuar ante un bombardeo dirigido desde el norte.

Rusia ha aprovechado la falla en el arcaico sistema antimisiles saudí para venderle al reino y sus aliados del Golfo su experiencia militar y su polémico sistema antimisiles S-400 –en contra de los estándares de la OTAN–, ante el incremento de los ataques con aviones no tripulados en la región. «Estamos listos para brindar asistencia a Arabia Saudí, y el reino debería tomar una sabia decisión de Gobierno, como lo hicieron los líderes de Irán al comprar el S-300 y como lo hizo el presidente [Recep Tayyip] Erdogan al comprar el último sistema de defensa aérea ruso S-400», dijo recientemente el presidente ruso, Vladimir Putin.

La reunión anual de la Asamblea General de la ONU, que se celebra esta semana en Nueva York, servirá para acercar posturas sobre la enésima crisis del Golfo Pérsico y la responsabilidad de Irán. Tanto el presidente iraní, Hasan Rohani, como su ministro de Exteriores, Mohamad Yavad Zarif, han reiterado estos últimos días un mismo mensaje. Irán responderá con fuerza bruta a cualquier ataque contra su territorio. El riesgo a un conflicto abierto con la república islámica que desestabilice la región y contraiga aún más la economía mundial son razones de peso para calibrar la respuesta americanosaudí.



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