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03 Ago 2020

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Merkel asume pilotar a la UE para superar «el peor momento de su historia»
Internacional

Merkel asume pilotar a la UE para superar «el peor momento de su historia» 

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Obvio que nadie la quiere, que su carga letal y su impacto económico han disparado el pánico y que solo una vacuna permitirá superar el vértigo global. Obvio que esto va para largo y que nuestra forma de vida sufrirá (está sufriendo ya) un cambio sustancial. Pero puesto que está ahí, puesto que hay que convivir con ella, reconózcanme que genera cierta tranquilidad que la mujer más poderosa de Europa (aunque sea por puro azar) vaya a estar al frente en el combate. Angela Merkel que ha liderado a la UE en sus otras grandes crisis europeas (la económica, la migratoria…) se enfrenta ahora a la madre de todas las crisis.

«Europa vive el peor momento de su historia, un momento que está poniendo a prueba» su capacidad para mantener «la cohesión», sentenciaba este jueves desde Berlín. La canciller comparecía con la sobriedad de siempre. El acto, una rueda de prensa en formato dual y telemático con Ursula von der Leyen, la que fuera su mano derecha antes de catapultarla a Bruselas. Von der Leyen, a 800 kilómetros de distancia, en el edificio Berlaymont, sede de la Comisión_Europea. La primera, respondiendo solo en alemán. La segunda, también en inglés y francés. El contexto, el arranque de la presidencia rotatoria de la UE. Alemania al cargo después de trece años. Por delante, apenas seis meses «cruciales» de pilotaje de tal complejidad que el resultado es incierto.

«Cada día que pasa vemos más claro que el virus no ha desaparecido, aunque hayamos aprendido a vivir mejor con él», advertía la mandataria antes de pasar a enumerar los puntos clave de la agenda alemana. Todos eclipsados por el más urgente: el plan de recuperación postpandémica que los líderes negociarán los días 17 y 18 en la capital comunitaria. Será su primera cumbre presencial desde febrero. Alemania asume el reto de conseguir el acuerdo, y rápido. Desde Bruselas Von der Leyen ponía el énfasis en lo evidente: cada día de retraso conduce a más empresas hacia el precipicio y se cobra más empleos. «La presión es enorme». Pero «nuestro éxito no solo depende de la buena dirección de la Presidencia alemana, obliga a todos los Estados miembros a ver más allá de unos intereses limitados» y trabajar «en los beneficios de la Unión».

750.000 millones

Una llamada a ese club de ‘frugales’ liderado por Paises Bajos y_Austria que no comulga con la formulación de un plan de reconstrucción de 750.000 millones de euros diseñado por la Comisión (medio billón en subsidios y 250.000 millones en préstamos), que beneficiaría a los países más golpeados por la pandemia, a Italia y España. Y al que la propia Alemania y Francia, le han abierto camino.

«Tenemos claro dónde están las dificultades, pero todos sabemos que sería bueno tener ese acuerdo en julio. Yo no imagino otro escenario», incidía Merkel después de subrayar la necesidad de «dar una respuesta contundente» a una crisis «que no tiene precedentes». Y hacerlo sin obviar que el futuro exige «trabajar en tareas como la lucha contra el cambio climático y la digitalización». Todo está vinculado.

Empeñada en ello, en conseguir esa solución antes del parón estival, la propia canciller, Von der Leyen, el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, y el de la Eurocámara, David Sassoli, se han citado para el próximo día 8 con el objetivo de pisar el acelerador. «Hacer balance y preparar las intensas negociaciones» que tendrán lugar una semana después entre los líderes de los Veintisiete. El plan excepcional por el Covid-19 va colgado de un presupuesto plurianual (2021-2027) que ascendería a 1,1 billones, que siempre ha sido objeto de discusiones maratonianas.

La ‘minicumbre’ del día 8 «pone de relieve que todas las instituciones están preparadas y comprometidas para dar respuestas a las y los ciudadanos europeos», destacaba el presidente Sassoli que este jueves mismo recibía el mandato de los grupos políticos de defender «un acuerdo ambicioso». El Parlamento Europeo primero y las cámaras nacionales después son los que tienen que poner el último sello de validación al pacto que pudieran cerrar los jefes de Estado y de Gobierno. La auténtica negociación ya está en marcha.

Tropiezos, algún artificio y golpes de realidad

Cambio climático, transformación digital, migración, salario mínimo común europeo, igualdad de género y no discriminación, euroescepticismo, ‘brexit’, tensiones comerciales con Estados Unidos, la intoxicación cibernética, la amenaza rusa, los desencuentros con China… Esa era la voluminosa agenda con la que Ursula von der Leyen asumía la presidencia de la Comisión Europea el pasado 1 de diciembre. Con cinco años por delante el nuevo Ejecutivo de Bruselas era consciente de que debería lidiar con un legislativo más fragmentado que nunca y muy hostil, con el desafío perpetuo que supone buscar el apoyo de las capitales a cada paso. Y con un multilateralismo en rompan filas a golpe de tweet firmado por Donald Trump.

Antes de estallar la crisis pandémica la bandera de su presidencia, el ‘Gran pacto verde’ (tan «histórico como la llegada del hombre a la luna», dijo altisonante durante su presentación en diciembre), comenzó a doblegarse por el mástil. No hubo acuerdo pleno de los Veintisiete ese mismo mes para conseguir las emisiones cero en Europa en 2050. Y se fracasó estrepitosamente en febrero con la primera cumbre sobre el presupuesto plurianual 2021-2027 que debía sustentar un proyecto que contempla ayudas multimillonarias para para ayudar en la transición. En medio, el pulso de Turquía con los refugiados sirios, y una visita de la alemana a Grecia de aire ‘manu militari’ agradeciéndo al Gobierno de Atenas ser «el escudo» de Europa. Sin cuestionar que hubiera suspendido el derecho de asilo ni los métodos de represión para contener a los migrantes en su frontera.

En ello estábamos cuando el patógeno asestaba el gran golpe. Arremetía cuando Von der Leyen solo había consumido cuatro meses de presidencia. Ni ella ni nadie calculó su gigantismo. Las llamadas a la coordinación intergubernamental, a seguir el criterio de los expertos y no dejarse llevar por el pánico marcaron la primera reacción. Incluso con sobreexposición mediática y carga ‘marketiniana’, como aquella presentación el 2 de marzo de un gabinete de crisis contra la Covid-19 vacío de contenido. ¿El escenario? La sede de Protección Civil de la UE en Bruselas. Se rodeó de pantallas. Todo muy técnico y profesional.

Ni dos semana de aquel artificio y comenzó el cierre caótico en el Espacio Shenghen, los confinamientos en cascada, el veto a traición de EE UU, el bloqueo de Alemania o Francia a cualquier venta exterior de mascarillas o respiradores, Italia aceptando la ayuda de Rusia y China… vamos, ese ‘sálvese quien pueda’ de sobra conocido que dejó a la Comisión en simple ‘oficina’ administrativa. Vacía.

Pero de lo peor también ha llegado lo mejor. Bruselas liberó rápido a los gobiernos del corsé del déficit y endeudamiento para volcarse en la crisis sanitaria; esta empujando con fuerza por una vacuna universal. Y su plan de reconstrucción (tras algún desliz con la ingeniería financiera) es hoy una referencia de ambición y solidaridad. De una Europa más de verdad.

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