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11 Jul 2020

Nota

Siria ante el abismo económico
Internacional

Siria ante el abismo económico 

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La mujer de Muhammad, hace unos días, fue al mercado. Tenía en el bolsillo 10.000 libras sirias, una cantidad nada desdeñable: su idea era comprar algo de fruta y ropa de verano para su hijo, que el niño ya ha crecido y la del año pasado le queda pequeña.

La mujer, sin embargo, escogió un mal día para ir a comprar. “Fue cuando la libra empezó a desplomarse. Al final, volvió a casa con una camiseta y nada más. Fue bastante ridículo”, dice Muhammad, que cuenta que ya no cometerá ese error otra vez. “A partir de entonces decidimos no tener ni una libra siria en casa. Ahora, solo liras turcas y algunos euros”, dice.

Todo se desplomó hace un par de semanas. En pocos días, la libra siria pasó de cambiarse a 3.000 libras por dólar. Hace un mes, se cambiaba a poco más de 1.000 y, antes de la guerra, a 47 libras el dólar.

Bajo el umbral de la pobreza

En tan solo unas horas, un salario medio mensual en Siria -unas 50.000 libras, 14 euros- pasó a equivaler a lo que vale una sandía o una bolsa de limones. Si se necesita, además, algo de pan, arroz o cigarrillos, entonces ya no se llega. Y hay gente, evidentemente, que ni a esto alcanza: según las estadísticas, el 85% de la población siria -la que queda en el país, tras nueve años de guerra– vive bajo el umbral de la pobreza.

Y además, de poder permitirse ese pan, tampoco podrían comprarlo ya que muchas panaderías, y también gasolineras, cerraron cuando el sistema colapsó por miedo a perderlo todo. Muchos comercios no han vuelto a abrir: Siria -sobre todo la parte controlada por Bashar el Asad– está en la ruina.

“Estamos viendo algo que no había pasado nunca. La gente está más fatigada que nunca, y esta crisis está haciendo que mucha gente que antes no se había atrevido a criticar a Asad ahora empiece a hacerlo”, explica Danni Makki, experto en el Instituto de Oriente Próximo (MEI), que continúa: “Muchos intentarán escapar del país, legal o ilegalmente. Lo que vemos ahora tenía el potencial de crear una segunda ola de migración hacia Europa, pero la crisis del covid-19 lo paró. Si esta crisis sanitaria termina, podríamos ver cómo el número de sirios que salen del país se dispara”.

Divisiones y diferencias

Pero Muhammad, su esposa y su hijo están a salvo del colapso. Los tres viven en la ciudad de Idleb, controlada por los rebeldes y los yihadistas de Hayat Tahrir Al Sham. Aquí, cuando la libra siria cayó, Turquía inyectó su moneda: ahora en el norte de Siria quien manda es la cara de Mustafá Kemal Atatürk, imprimida en todos los billetes.

“Antes ya la usábamos, pero ahora hasta el pan se debe de comprar en liras turcas. Lo demás, como casas o coches, también se puede hacer en dólares o euros. ¡En libras sirias, nada! Solo correr al banco a cambiarlas”, explica Muhammad, que dice que él, con todo esto, tiene suerte, pero no parte de su familia, que vive en las zonas controladas por Asad. Ellos -a punta de pistola, porque tener moneda extranjera es ilegal– se ven obligados a usar la libra siria.

“Me dicen que es casi imposible comprar comida. Que no tienen ni pan ni agua ni gasolina, y que si protestan, les matarán -el currículum de Asad en este aspecto deja poco margen de duda-. Por suerte, en Idleb somos más libres, aunque parezca que nos hayamos convertido en una provincia de Turquía”, dice Muhammad.

Un futuro negro

Esta crisis, que afecta sobretodo a las zonas controladas por Damasco y parece dejar a Asad casi más débil que nunca, ha tenido varios motivos. El más grave de ellos es la crisis bancaria en el Líbano -en cuyos depósitos está el dinero de los comerciantes sirios-, pero también hay otros: los cierres por el coronavirus, la crisis en Irán, las disputas de Asad con su primo, el empresario más rico de Siria, la corrupción como forma de Gobierno y, como detonante, las nuevas sanciones impuestas por Estados Unidos la semana pasada.

Este cóctel ha provocado el colapso total de la economía siria, y los expertos avisan: la situación es tan grave -y los silos de grano están tan vacíos- que a finales de este año o principios del 2021, si las cosas no cambian, podría haber hambruna.

“Los precios de las medicinas están disparándose, y mucha gente que antes se pagaba sus propios medicamentos viene ahora a nosotros a pedirnos ayuda”, dice Sally Thomas, coordinadora general adjunta de Médicos Sin Fronteras en Siria. “Siempre ha habido escasez de medicinas, pero esto es distinto. Las necesidades han cambiado, y las rutas de abastecimiento tardan meses. Ahora hay medicinas suficientes, pero en los próximos meses veremos los efectos de toda esta crisis”, continúa.

Muhammad, que en otra vida vivió en un suburbio de la capital siria, lo resume distinto: “Asad y su gente condenan a morir de hambre a sus ciudadanos mientras ellos se bañan en millones de euros y dólares en el banco. Un amigo que sigue en Damasco me dijo el otro día que según qué zonas de la ciudad parecen Dubai, con Ferraris y Lamborghinis por todos lados. Y 10 kilómetros más allá, mi familia no puede comprar ni un trozo de pan”.

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