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22 Ene 2021

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Las sospechas de un experto sobre el origen del coronavirus: “¿Alguien lo puso ahí?”
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Las sospechas de un experto sobre el origen del coronavirus: “¿Alguien lo puso ahí?” 

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En una nueva entrega de ‘Horizonte. Informe COVID’, Iker Jiménez se adentró en la naturaleza del coronavirus. Con la participación de varios expertos, se analizó su supervivencia en diferentes superficies, su resistencia al frío o el descubrimiento de un nuevo gen oculto en el genoma del patógeno.

La supervivencia del coronavirus

El primero de los especialistas en hablar fue Trevor Drew, director del Centro Australiano de Preparación frente a las Enfermedades, que explicó la investigación que habían realizado para determinar el tiempo de supervivencia del patógeno.

“El propósito de nuestro estudio fue tratar de medir la supervivencia del SARS-CoV-2 a diferentes temperaturas y en distintas superficies. Realizamos un estudio en completa oscuridad porque sabemos que la luz ultravioleta puede inactivar el virus y por supuesto, ese tipo de iluminación varía mucho según la época del año, del país en el que nos encontremos o incluso del grado de ventilación”, afirmó Drew.

“Los coronavirus que conocíamos hasta ahora necesitan una cantidad concreta de partículas para que una persona tenga una probabilidad de infectarse del 50%. Tomando eso como base, pudimos demostrar que a 20º C este nuevo SARS-CoV-2 sobrevive en la mayoría de las superficies, y que lo hace en cantidad suficiente como para poder infectarte durante unas dos semanas. Este resultado supone, probablemente, el peor escenario posible sobre cuánto tiempo podría sobrevivir el virus”, añadió el especialista.

Adaptación a los humanos

Nikolai Petrovsky, catedrático y director de investigación de la vacuna desarrollada por la Universidad de Flinders (Australia), destacó que “la propiedad más singular que describimos en nuestra publicación científica es que el SARS-CoV-2 parece perfectamente adaptado a los seres humanos desde el primer caso conocido. Normalmente, un virus es bastante débil al principio, ya que no está adaptado a las células y fisiología humana. Al comienzo, se propaga lentamente, le cuesta. Y a medida que infecta a más personas y se adapta, se vuelve más y más fuerte. Vimos eso con el SARS 1, con el MERS o con el Ébola, pero no con el SARS-CoV-2″.

“La otra característica que nos cuesta explicar es el sitio de corte de furina, es decir, por dónde accede el virus a nuestras células. Es una enzima presente en órganos de nuestro cuerpo. Esta propiedad es fundamental para que el SARS-CoV-2 sea altamente infeccioso en humanos y es extraño encontrarla en otros coronavirus. Esta pequeña secuencia en la proteína S es fundamental para la adaptación del virus en humanos, pero no podemos explicar su procedencia. La pregunta obvia es ‘¿Alguien lo puso ahí?'”.

La ausencia de firma

Por último, intervino Milton Leitenberg, investigador asociado del Centro de Estudios Internacionales y de Seguridad en Maryland, que explicó las técnicas realizadas en Wuhan: “El Instituto de Virología de la ciudad comenzó su programa de investigación de ganancia de función para coronavirus de murciélago en 2015 utilizando un virus natural. Los investigadores practicaron, y cito literalmente, “sustituciones en su ARN para hacerlo más transmisible”. ¿Qué es la ganancia de función? Significa que un científico en el laboratorio utiliza técnicas de genética molecular”.

Leitenberg dio más detalles sobre el funcionamiento de esta técnica: “Se toma una pieza de ADN y se inserta en un virus para dotar a esta nueva construcción propiedades que antes no tenía. El tipo de ganancia de función más importante es el cambio de anfitrión, una pequeña pieza que al añadirse hace que el coronavirus de murciélago pueda infectar a los humanos. Otra opción es hacer que el virus sea transmisible por aerosoles. Mientras que antes, el patógeno de un murciélago sólo podía afectar a alguien si el animal mordía o era mordido”.

Por este motivo, mantiene sospechas sobre el coronavirus: “Imaginemos que alguien hiciera esto en un laboratorio. ¿Dejaría rastro? La respuesta es no, ahora no. Hace 15 años sí, habría sido visible. Pero hace 15 años, los científicos descubrieron cómo no dejar rastro. Se hacen cambios y no queda huella alguna. Hay un nombre para esto: ausencia de firma. Tecnología de clonación infecciosa sin rastros. En otras palabras, no se ven las huellas en caso de modificación. El Instituto de Virología de Wuhan publicó tres artículos en 2015, 2016 y 2017, donde afirman que utilizaron esta tecnología”.

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